En el transcurso de sus nueve
siglos de historia, Marrakech ha conocido cambios
totales de situaciones, momentos de esplendor
y de gloria acompañada de largos años sombríos
. Fue edificada, y a ratos saqueada, embellezada,
venerada y castigada. Pocas ciudades en el mundo
han visto su destino vinculado al de su propio
país hasta el punto de cederle su nombre. De
este pasado agitado y fascinante Marrakech conserva
aún espléndidos testimonios que hacen de ella
una ciudad múseo; mezquitas, alminares, magníficos
palacios y jardines. Pero lo que más nos maravilla
son las viejas callejuelas, los rincones característicos,
las tiendas de los zokos donde encontramos de
todo.
Marrakech ha sido capital
de Marruecos y ciudad imperial igual que Fes,
Meknes y Rabat. Sigue siendo la capital del
Sur . Puestas de sol maravillosas que se proyectan
sobre casas de color ocre; múltiples olores
que se desprenden de especias , esencias de
rosas; exhalaciones embriagadoras de rosas y
jazmines, magia de los cantos y del habla de
los artesanos y de los encantadores de los serpientes;
tesoros del arte beréber y árabe; nieves inmaculadas
sobre los picos de los montes que dominan la
perla del Sur.
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Palacio Badia
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el Zoko
Dentro de las murallas ocres están
ustedes fuera del tiempo . En el zoko de cobre los
latoneros, muy concentrados y muy diestros, martillan
el metal. O en el zoko Laghzal consagrado a la lana.
El Btana, el de las pieles de los carneros. O bien
el zoko Zarbia, famoso por la subasta de alfombras
y caftanes ( vestidos tradicionales ).
Ahora nos trasladamos a
otra parte. Allí donde los olores de azafrán, comino,
pimienta, jengibre, verbena, clavo de especia, azahar
encantan las ventanas de la nariz; donde se amontonan
sacos de almendras, cacahuetas, garbanzos, cestos
de dátiles, toneles de olivas y sobre las estanterías
de los boticarios, se alinean botes de henne, de
ghasoul, frascos de extracto de rosas, de jazmín,
de menta, de khol, pedazos de ámbar, almizcle.
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